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Hola, ¿qué tal estás?

Hace bastante tiempo que no paso por aquí, como sabrás si me sigues, he estado de exámenes de Máster y ello me ha ocupado el poco tiempo libre. Pero, ya estoy de vuelta y hoy me gustaría que hablásemos de la incertidumbre. ¿Me acompañas?

Venga, ponte cómoda/o, sírvete un té calentito si te apetece y adentrémonos…

 ¿Para qué hablar de incertidumbre?

Tal vez te preguntes por qué he elegido este tema para hoy. ¿Para qué y por qué hablar de incertidumbre? Muy sencillo, la siento muy presente a mi alrededor, y sí, también en mí. Siempre ha estado ahí… Sin embargo ahora parece estar exacerbada por la situación actual de pandemia.

En consulta oigo más que nunca las inseguridades y consecuencias que trae consigo la incertidumbre, a veces disfrazada por otras apariencias… En forma de ansiedad, tristeza, preocupación, intento constante de controlar, etc.

incertidumbre

Desde que la COVID-19 ha llegado a nuestras vidas, hemos tenido que adaptarnos a marcha forzada a una situación no solo única en la historia sino que además no es estable. Esta pandemia lo ha puesto todo patas arriba y no sabemos cuándo ni cómo va a acabar. Queremos normalidad, o al menos, algo que se le parezca mucho (quizás como el pasado verano) para poder volver a nuestras vidas tal como la conocíamos…

 ¿Y qué tiene que ver esto con la incertidumbre?

Pues te diré que tiene que verlo todo. Nada es predecible. No podemos organizar con mucho margen, nuestro contexto ha cambiado: el trabajo, los horarios, las opciones de vida social y los recursos, las relaciones y cómo nos relacionamos, nuestras rutinas, los planes y viajes… las pérdidas, la salud, el acceso a la sanidad…

Y si el contexto ha cambiado, imagina cómo nos está afectando todo esto dentro de nosotros.

Todo se mueve en espiral. La situación pandémica modifica el contexto y esos cambios nos exigen adaptación constante, al mismo tiempo que la misma pandemia nos remueve por dentro haciendo que las emociones se interpongan unas a otras y se fundan en una especie de arcoíris borroso. Todo es confuso.

Imposible predecir nada. Imposible controlar nada.

Incertidumbre

No sabemos qué va a pasar. Esa es la realidad. Una realidad que está cubierta de un velo oscuro, vistiendo al mundo de una tonalidad gris desapacible dónde no nos encontramos del todo cómodos.

Calma, todo esto es normal. Las emociones revueltas, las vidas, el mundo, el dolor cada vez más fuerte, las muertes y el sufrimiento… ¿Cómo no vamos a estar revueltos o confusos o asustados?

Entonces, ¿qué hacemos con todo esto que sentimos?

¿Qué puedo hacer con la incertidumbre?

Aprender a manejarla. Esa es mi respuesta. Tenemos que convivir con ella, ahora más que nunca en tiempos de COVID, pero la incertidumbre y sus efectos seguirán estando ahí porque la vida es impredecible dentro de esta constante que llamamos rutina y que tanto esfuerzo ponemos por mantener.

Es necesario que nos preguntemos: ¿Qué me asusta de la incertidumbre? ¿Por qué me genera tanta angustia (o lo que sea que te genere a ti)?

Si aparece el miedo. ¿Qué temo de la incertidumbre? ¿Qué temo de no saber lo que va a pasar?… ¿Es por la falta de control?

incertidumbre

Cuando en consulta nos detenemos a explorar qué significa la incertidumbre, a menudo florece la necesidad de control. No saber qué va a pasar despierta miedo a lo desconocido, y creemos que teniendo el control de la situación podríamos protegernos y el miedo sería más manejable.

Deja que te diga algo; tener el control no te prepara para nada, y no te protege.

Tener el control requiere tener todo muy medido, que las cosas sean rígidas y eso no se ajusta a la vida, de por sí impredecible. Y aunque a veces parezca que estás en posesión del “don” que te permite protegerte y estar preparada/o para lo que venga (¿no sientes tensión solo con leer estas palabras?), la verdad es que si te quitaran ese escudo…¿Cómo crees que te quedarías?

En realidad las personas que creen tenerlo todo bajo control, sienten una seguridad falsa. Sin ese control, suelen sentirse muy perdidas, sin saber cómo desenvolverse.

¿Y si ponemos más atención a lo que ocurre dentro de cada uno de nosotros? ¿Y si cedemos control?

Y vuelvo al inicio de este apartado.

Te animo a convivir con la incertidumbre.

Confía en mí. Se puede y no pasa nada por no tener el control de todo.

No hay trucos ni misterios. Se trata de aceptar la incertidumbre como parte de la vida y aprender a manejarla dotándote tú de recursos, estrategias y habilidades que te permitan desenvolverte en distintos contextos y en una variabilidad amplia de situaciones.

 Es posible que esto requiera trabajo, un proceso de aprendizaje en el que puedas ir incorporando pequeñas dosis de incertidumbre en tu vida poco a poco, a tu ritmo. Ello te permitirá ampliar tus habilidades y esto sí que es un verdadero “don” ya que te guiará para desenvolverte en situaciones diferentes, aunque no sepas qué va a pasar. La clave estará en que a pesar de no saber qué va a suceder, podrás convivir con esa inseguridad de forma serena y más amable para ti.

Si crees que la incertidumbre te impide vivir con calma e interfiere en tu bienestar, no lo dudes; pide ayuda profesional.

Incerticumbre

Hasta aquí la reflexión de hoy. Espero que te haya gustado y ya sabes, comparte en tus redes para aportar un pequeño granito que ayude a los demás.

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